Una ventana para aprovechar el sol del oeste
Durante mucho tiempo -- para no empezar este texto con la palabra “siempre”—me resistí a aprovechar la luz, me resistí a sacarle provecho al día. Si bien tengo una hoja oficio amarillenta con el Carpe diem de un suponte Walt Withman tipeado a máquina por mi madre guardado en una caja rosada (uf) , desde que me salí del capullón inocente de las cosas felices y apócrifas, ingresé en un terreno de oscuridad, cinismo y desdén. Feo. A las etapas de mí de mí a las que les temo les pongo calificativos por temor. Es un temor bajo a lo que dice el otro. Es un temor histérico. Otra de mis tendencias es echar mano al lenguaje psic… proveniente de tal y cual persona física o artificial o Freud o deséeme o yo. Mi psicóloga me hace bajarle y subirle el volumen a los títulos de “mis cosas”. Decir “siempre o decir “Nunca” es un montón, pero también quizás no es ni un montón de tiempo, ni tan poco, haber pasado al menos veinte años de mi vida sin mirar al horizonte. Ni con admiración ni con...