Tengo hambre, pero ya es tarde , me iba a sentar a escribir sobre un evento nostálgico: me acordé que hace 4 años le di un beso a alguien que me gustaba mucho. Ese día entró una laucha a mi casa, y la tuvimos que sacar. Yo vivía en una casa muy rara y la habitación, la recuerdo barroca, recargada. El recuerdo de ese primer contacto es demasiado fuerte y contrastante con la historia posterior.. Quedé agarrada a unos labios . Empecé a revisar…reviso reviso, siempre aparece algo nuevo. Hoy: un frasco de porro que ni sabía que tenía. Hoy, una manera de enojarme y angustiarme premenstrual tan conocida que exorcicé limpiando el baño. Con asco . Después rumia rumia en la siesta. Me imagino que publico unos poemas espantosos que tengo ahí en el banco de suplentes. No. Maté a una araña amiga porque me sentí amenazada . Tengo bastante elevado el cortisol o algo, el estado de alerta. Pienso que hago todo muy mal. Eso me retrae y quisiera dormir la siesta. Cuando estoy así siento todo el día...
y faltar varios días al trabajo, cuando lo hago con justificaciones que están dentro de lo legal, entonces puedo comenzar algo en la cocina, cocinar un plato despacio, cortar las verduras, ponerlas en la sartén, esperar a que pochen, observar los cambios de estado, hay días (lunes, martes, miércoles, viernes) donde suelo estar corriendo, suelo ir a las apuradas, y con un dolor particular en la espalda, arriba de un omóplato, intento pensar en esquemas alimentarios que incluya distintos nutrientes que sean compatibles con el hierro y que no alteren mi cognición. si como demasiados sanguchitos y más si lo hago de a pie luego me siento estúpida, en general las últimas clases que doy dejo andar mi estupidez, en forma de simpatía; a veces mi estupidez adquiere la forma de la simpatía u otros de la rigidez epistémica; entonces lleno pizarrones y refunfuño, camino entre los bancos, talón - punta, talón; los adolescentes tienen olor, las aulas limpias huelen a desinfectante, pero a ...
mi vecino toca el cello con la ventana abierta, hay que levantar la vista y pasar cerca de sus puertas para notar que está ahí, en medio del ruido de los autos o más que en medio a un costado; toca con la ventana abierta y enfrente está la vieja bicicletería color marrones, con viejas pelotas de fútbol remendadas, olvidadas por niños en décadas pasadas; también tiene bicicletas pequeñas semioxidadas y un televisor con turismo carretera, almanaques con tinte de almanaque pintado por el tiempo el sol parece pegar en su cenit justo en la bicicletería que espera sus rayos y sus clientes y dora la piel del bicicletero y su ayudante; enfrente el vecino del cello parece congelado en su ventana fría blanca y abierta con los postigos hacia la calle y su música pasa a través del vidrio y muy atrás al otro lado de la sala se sienta y dispersa sus ondas sonoras encantadoras para el hábil peatón que se equilibra con paraguas entre las baldosas flojas, de un barrio con b...
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