calle setenta y siete
mi vecino toca el cello con la ventana abierta, hay que levantar la vista y pasar cerca de sus puertas para notar que está ahí, en medio del ruido de los autos o más que en medio a un costado; toca con la ventana abierta y enfrente está la vieja bicicletería color marrones, con viejas pelotas de fútbol remendadas, olvidadas por niños en décadas pasadas; también tiene bicicletas pequeñas semioxidadas y un televisor con turismo carretera, almanaques con tinte de almanaque pintado por el tiempo el sol parece pegar en su cenit justo en la bicicletería que espera sus rayos y sus clientes y dora la piel del bicicletero y su ayudante; enfrente el vecino del cello parece congelado en su ventana fría blanca y abierta con los postigos hacia la calle y su música pasa a través del vidrio y muy atrás al otro lado de la sala se sienta y dispersa sus ondas sonoras encantadoras para el hábil peatón que se equilibra con paraguas entre las baldosas flojas, de un barrio con b...